Bendición del Santuario de Jesús
Nazareno de Atotonilco.
A los ocho años de haberse iniciado, se concluyó la
construcción de la iglesia principal, culminando dicho proceso, con la
bendición e instauración de la imagen de Jesús Nazareno en el altar principal,
el domingo 20 de Julio de 1748. Presidió la Santa misa y bendijo la imagen el
Sr. Cura de San Miguel el Grande, Juan Manuel de Villegas y al P. Don Antonio
Ramos de Castilla, prepósito de la Congregación del Oratorio, le correspondió
el fervorín.
“El costo de esta primera parte del Santuario, lo señala
el padre Alfaro en su testamento, fue de veintidós mil seiscientos cuarenta y
tres pesos, de los cuales solamente dos mil correspondieron a donativos de
personas beneficiadas por favores del señor, el resto a costa de mi sudor y
personal trabajo”. (Testamento del Padre Alfaro)
Hablar del Santuario de Jesús Nazareno, de toda esa riqueza
artística contenida en él, en sus más diversas manifestaciones: arquitectónica,
escultórica, pictórica y literaria (poética), perfectamente cohesionados por el
espíritu artístico, piadoso y místico de su fundador, es una tarea en verdad
difícil ya que además de su vastedad, cada vez que se le visita se le descubren
nuevos detalles; por tal motivo para conocer al Santuario hay que hacerle una
lectura directa, admirar y dejarse llevar por la expresión de cada uno de sus
detalles, comenzando por esas preciosas y expresivas imágenes que señorean todo
el templo: la de Jesús Nazareno y del Señor de la Columna y seguir, seguir,
seguir.
La primera descripción del Santuario dedicado al Jesús
Nazareno, Señor de Aguascalientes, la realiza su propio arquitecto y
constructor, Luis Felipe Neri de Alfaro, sin omitir detalle alguno:
dimensiones, ubicación, distribución, estilos, formas, contenidos, materiales
utilizados, tiempos, costos y fuentes económicas. De este documento
valiosísimo, elaborado en 1766, abrevan todos los amantes de la obra
artístico-religiosa de Alfaro que han reproducido y reinterpretado su mensaje:
Manuel Antonio Valdez y Murguía (1768); en tiempo de importancia,
indudablemente al asceta oratoriano le sigue su amigo y confesor el Dr.
Gamarra, quien con su elogio fúnebre, le da unidad a la vida y obra de Alfaro;
un Sacerdote Oratoriano, posiblemente Antonio Mojica (mediados del S. XIX);
Jesús E. Aguirre (1883), José Mercadillo Miranda (1950) y José de Santiago
Silva (1985 a la fecha). El mérito de este último ha sido, además de poner al
alcance de todos, documentos valiosísimos que ha ido descubriendo sobre Alfaro
y su obra, con su erudición, lenguaje artístico accesible y sobre todo por su
pasión hacia Atotonilco, despertar el entusiasmo por “el conjunto
artístico-religioso,” causas que lo originaron, influyeron en la conformación
de la cultura novohispana y en la actual, así como sensibilizar a quien
corresponda para que Atotonilco se restaure y se conserve dignamente.
Durante los treinta y seis años que el Padre Alfaro vivió en
Atotonilco siempre estuvo en proceso de construcción el Santuario, que
prácticamente fue concluido a su muerte, a excepción de la sacristía y la
capilla conocida como Santa Escuela, siendo ésta la única que se construyó
fuera del Santuario.
Tomado de:
El Santuario de Atotonilco y sus ejercitantes del Lic. Luis
Arana Llamas, 2007.

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